Capítulo 1: Mi
presa 830
Era de noche. No había
nadie por las calles de Barcelona. Estarían todos en los bares discutiendo
sobre política o en sus pisos bebiendo un vaso de café, tumbados en el sofá con
la manta por el cuello. En cambio yo, estaba persiguiendo a mi presa. Íbamos los
dos corriendo por las azoteas de las casas, el techo estaba resbaladizo ya que
había llovido ese mismo día.
Tropecé una o dos veces,
pero pude mantener el equilibrio y no me caí.
Vi una sombra oscura
meterse por una calle muy estrecha con una sola farola iluminándola. Olía a
basura y a orina, era una de las calles del Paseo de Gracia menos humanizada.
El Serf (así se llamaban los mutantes a los que perseguía) subió por una
escalera que estaba muy oxidada a causa de la humedad; yo en cambio, salté de pared
en pared unas seis veces hasta llegar otra vez al tejado, donde el Serf me
estaba esperando para atacarme con las pinzas que tenía en su boca. Pegué un
salto, le miré y pasó su cuchilla por debajo de mis pies, miró hacia arriba
cuando yo ya estaba con mi pie en su boca, amortiguó mi patada en el aire con
sus pinzas, pero igualmente saltó por los aires; lo derribé y cayó al suelo.
Corrí hacia él, con la vara preparada en mi mano, se levanta y me golpeó
haciéndome una herida en la cara a causa de su cuchillo, y si no me hubiera
movido diez centímetros a la derecha me lo hubiese clavado en medio de mi fosa
nasal.
Rápido con la mano
derecha aparté su mano de mi cara y con la izquierda le clavé la punta de la
vara en el cuello. Esperé cinco segundos a que se vaciara el contenido y cayó
al suelo. Lo cargué en mis hombros y me lo llevé a mi casa.
Había luna llena, su luz
penetraba por todos los edificios; por culpa a esta luz tan intensa se me veía
mejor saltando de tejado en tejado, transportando a un saco de carne con unos
huesos. Ya estaba por la Diagonal cuando vi a un hombre salir de un bar. Era
alto y con la barba de una semana. Llevaba consigo una botella verde con un
contenido lila, lo más seguro es que fuese vino, ya que se tambaleaba e iba
tatareando una canción. Me miró con cara desigual, se dio media vuelta y siguió
su camino.
Cuando divisé la tienda
de mi familia pude observar que la luz estaba encendida, lo cual significaba
que mi madre se había quedado a esperar a que viniera. Abrí la puerta con el hombro
derecho, y de un empujón dejé caer al mutante al suelo. Cuando mi madre me vio
se acercó hacia a mi corriendo a darme un abrazo.
-¡David! Estaba
preocupada por ti, ¡si qué te ha costado llegar a casa!, ¡qué son las dos de la
noche!, corre sube para arriba a tu cuarto y si quieres ducharte antes de
dormir tú mismo- me dio un beso y se fue al mostrador a seguir haciendo lo que
llevaba horas haciendo, inventario.
-Mamá, ¿Dónde dejo esto?-
pregunte señalando al Serf.
-Déjalo en la cocina
mañana ya se lo entregaremos a la organización ¿Ha sido difícil?- preguntó sin
apartar la vista de la libreta.
-Comparado con el Serf de
antes de ayer no, ese escupía fuego por la boca, éste sólo tenía pinzas en la
boca y un cuchillo fusionado con su brazo derecho, que me ha hecho una herida-
cogí al Serf y lo llevé a la cocina.
-Bueno cariño, si quieres
te pongo un poco de esencia de sauce y se te curará la herida.
-No hace falta, ya me la
pongo yo. Por cierto… ¿dónde la has guardado?
-En el cajón de arriba de
tu mesita de noche- se acerco a mí y me dio otro beso- buenas noches.
-Buenas noches mamá- y
subí a mi habitación, cerré la puerta y me puse el pijama para irme a dormir,
pero antes tenía que hacer otra cosa…
Me acerqué a la mesita de
noche, abrí el primer cajón y cogí una caja azul redonda que contenía una
especie de resina amarilla, unté dos dedos en la esencia y me lo puse sobre la
herida. Tres minutos después la herida había desaparecido.
Abrí el ordenador y me
puse a chatear por el Messenger. Estaba conectada mi mejor amiga Marina, tenía
un año menos que yo dieciséis, pero yo había repetido tercero de la ESO e iba
conmigo a clase. Era muy pelota cuando le convenía, era muy bromista, me hacía
toda clase de bromas pesadas. Pero por lo general era muy buena persona.
-¡David! –Me dijo -¿Cómo
te ha ido con tu monstruito? ¿Esta vez casi te congela con la mirada? O ¿Te ha
sacado los ojos con unas cucharas?
-No, esta vez tenía unas
pinzas en la boca, que por desgracia para él, sólo le han servido para que no
lo matara de un golpe J- le puse el
emoticono de la carita sonriente.
-Jo, me hubiera gustado
tener que hacer una hoguera para poder descongelarte. Pero… ¿no te ha hecho
nada?- preguntó como si quisiera saber más para poder restregármelo durante
todo el día.
-No, pero gracias a él
tengo un número redondo de presas, ochocientos treinta.
-Pues espero que cuando
tengas novecientas noventa y nueve presas tu próxima presa sea el doble de
grande que tú, muy fea, que huela fatal y que se le regeneren las células así
sería un poco más interesante ¿no?
-Sí y me dará recuerdos
para ti. Me dirá que te considera una hermana. Como os parecíais tanto- y
durante toda la noche no recibí ningún mensaje más.
Capítulo 2:
La torre sombría
Esta oscuro, sólo veo una
luz roja que me sigue. Corrí por un camino de tierra que nunca acababa cuando
parecía que llegaba al final, el camino se alargaba aún más. Cuando tropecé y
caí al suelo, pude observar que era lo que me seguía. Un Serf envuelto en
llamas, con una carcasa muy gruesa negra. Busqué mi vara en mi bolsillo, pero
no estaba me arrastré por el suelo escupiendo tierra de la boca, cuando de
repente me giro y veo unas llamas abrasadoras que me estaban quemando todo el
cuerpo.
-¡Ring!, ¡Ring!- estaba
tocando mi despertador. Con un golpetazo de mano lo apagué y me tumbé boca
arriba secándome el sudor de la frente.
¡La noche fue horrible!
habría tenido como mínimo veinte pesadillas sino más. Desde que tuve que luchar
contra un Serf que escupía fuego por la boca y que tenía una coraza tan dura,
que ni cien elefantes juntos conseguirían doblarla ni un milímetro. Me quemó
toda la pierna y parte del brazo derecho y una parte de mi cara. Menos mal que
encontré un punto entre su nuca, donde pude inyectar mi vara y conseguir
dejarlo fuera de combate. Todas las noches sueño que me quema, pero no medio
cuerpo sino entero y me levanto empapado de sudor.
-¡David! Levántate o
llegarás otra vez tarde a clase. Y ya llevas unas cuantas clases perdidas- me
dijo mi madre.
Me puse en pie de un
salto. Era verdad por culpa de las misiones llevaba ya días sin poder ir a
clase. Me puse el mono negro y rojo, junto con las zapatillas con palanca y
encima una sudadera normal junto con unos pantalones. El mono me hacía de
escudo de primeros auxilios, si me cortaba o me calcinaban vivo, el mono
regeneraba mis células a toda velocidad, así no me podían matar tan fácilmente.
Me lo regaló mi tío
Jeremy cuando entré en la organización, desde entonces nunca me lo quito, sólo
para dormir.
Bajé las escaleras y vi a
mi madre que estaba desayunando unas rebanadas de pan con mermelada de fresas,
junto con su menta poleo diario. Al lado suyo estaba mi padre comiéndose unos
melindros con un café muy cargado. Estaba leyendo un periódico y mi madre
viendo las noticias matutinas.
-Buenos días, papa, mamá-
y les di un beso a cada uno, pero cuando me fui apartar de darle el beso a mi
madre me coge el brazo y me susurró al oído…
-Tu padre te descubrió
ayer que entrabas en la tienda a las dos de la mañana, no se ha enterado de lo
del mutante, pero le dije que te había castigado por llegar tarde una semana
sin internet- antes de que yo pudiera protestar me apartó de un empujón y
sonrió a mi padre como si no pasara nada.
-Me he enterado que tu
madre te ha castigado sin internet una semana ¿Y eso?- me pregunto mirándome
por encima de las gafas.
-Es que me entretuve… no
me di cuenta de lo rápido que pasó el tiempo… eso es todo- cogí la cápsula del
almuerzo y salí por la puerta principal para irme al garaje.
Dejé en la parte de
detrás de mi nave, la cápsula con la mochila atadas con una cuerda, puse mi
dedo encima del lector de huellas y una voz dijo mi nombre y se puso en marcha.
Subí, arranqué y salí del garaje con mi nave 120.000 a toda pastilla a buscar a
Marina a su casa. La nave me la regalaron para mi décimo sexto cumpleaños, como
muestra de gratitud por todos los Serfs que desde los diez años llevo
capturando. Pero para mi gusto una nave que no supere los 500.000 caballos no
se puede considerar automóvil. Mi nave sólo tenía dos aero-propulsores y
contaba con dos escapes de gas. Por eso no iba en mi nave al instituto se
reirían de mí.
A unos cien metros de
distancia de casa de Marina ya la veía saliendo por la puerta y empecé a
frenar, porque a 1.500 kilómetros por hora no creo que le diera tiempo a subir
y bajé a los 1.000. Saqué la mano derecha fuera de la nave para coger el brazo
de Marina, ella con un fuerte apretón se impulsó y con una caída perfecta se
situó sentada detrás de mí.
Ahora me dirigía a casa
de Alex, un amigo de veinte años que nos conocimos siendo críos y ahora trabaja
de mecánico de aero-propulsores y como no él tenía una nave 600.000. Desde que
la vi le supliqué que nos llevara a Marina y a mí al instituto algún día y así
lo hizo.
Aparqué mi nave delante
de su garaje, porque Alex tenía que sacar primero la suya.
-¿Qué tal? ¿Cómo te va la
vida? Yo estoy aquí liado con un motor 300.000 se me resiste y no quiere dar
inyección, pero esta tarde ya estará listo ¿Os llevo?
-Pues claro, por cierto…
le tendrías que arreglar a mi nave una clavícula que esta suelta y choca con
los tubos de escape.
-Vale deja tu nave en el
garaje y esta tarde si puedo te la arreglo ¿Estuviste trabajo a noche?- me
preguntó y nos pusimos rumbo al instituto.
-Sí, tuve que capturar a
un Serf punzante, nada, lo derrumbé al segundo golpe.- vacilé.
Llegamos al instituto
cuando faltaban dos minutos para que sonara el timbre. La gente se acumulaba
como una colonia de hormigas encima de una gota de chocolate, lástima que esta
gota no era tan dulce como el chocolate. La puerta principal estaba abarrotada
de gente que se pisaban de unos a otros, querían ver algo que para mí no tenía
sentido. Un equipo de video-sonido iba a gravar una filmación corta de nuestro
patio, ya que era el más grande de toda Barcelona. Alex con su nave pudo
hacerse paso entre la multitud y pudimos entrar a la hora. Cuando bajamos de la
nave Marina me dio un puñetazo.
-¡Auu! Y esto… ¿A qué
viene?- me imaginaba el porqué.
-Por llamarme hermana de
un Serf, decir que me parecía a él, que olía mal y era muy fea- se notaba que
no estaba enfadada sólo se hacia la durilla.
-Bueno, la próxima vez te
compararé con un Serf que olerá a colonia de flores- y cuando ya esta asomando
la sonrisa de la boca- pero colonia de los chinos claro, que él cómo tú no
tiene dinero para comprar perfume- Y una mano silbante me pasó por encima de la
nuca. Pero no me podría dar ni aunque nos tirásemos todo el día allí, ya que
mis reflejos se salen de lo normal.
Las clases como siempre
fueron aburridas y normales. Pero en clase de Física noté una vibración en el
bolsillo. Un mensaje me acababa de llegar en el rastreador. Era de mi tío
Jeremy.
De: Tío Jeremy
Texto: David, sé que
estas en clase, también sé que anoche trabajaste duro, pero te necesitamos
urgentemente. Escápate y reúnete conmigo en el huerto. Es urgente.
Parecía importante, así
que también me tendría que perder la clase de física.
-Profesora Fina ¿puedo ir
al baño? Es que llevo todas las clases agu…- no me dejó ni acabar la frase y
asintió con la cabeza, salí corriendo de la clase.
Salí corriendo porque
Marina me estaba pellizcando la pierna porque sabía que me iba a perder clase y
ella no.
Corrí por el pasillo
principal y me metí en el lavabo de las chicas que era el que daba al huerto.
Como no había nadie dentro no pasó nada. Abrí la ventana y salte 10 metros de
altura, cuando caí, apoyé toda la fuerza con mi hombro y di una voltereta en el
suelo, me puse de pie y seguí corriendo. El huerto estaba a pocos segundos de
allí… había alguien dentro. Abrí la puerta y vi a mi tío Jeremy ya con el
transportador espacial en la mano.
Se acerco a mí, me cogió
por el hombro y me dijo:
-Es una cuestión que no
puede esperar.
Y en un instante nos
habíamos transportado a nuestra guarida secreta donde estaba toda mi familia materna
que seguía viva: mis abuelos, mis abuelas, mi tía y mi tío con mis primos, y mi
madre.
Prosiguió -SM ha agrupado
a muchísimos Serfs en distintos puntos de Cataluña.
Me enseñó el mapa que
estaba encima de la mesa de la habitación. Ésta era oscura, penetrante, con un
montón de utensilios y cachivaches inventados por mi tía Margaret, que se
pasaba todo el día allí metida.
-Sospecho que quiere
atacar unos puntos en concretos –decía mi tío -esos puntos son las empresas que
más trabajadores tienen de toda Cataluña. Había por lo menos seis agrupaciones
de Serfs divididos por todo el mapa: Seat, Maped, Barcanova, Alcampo, Mercadona
y Eroski.
-Quiere destruir estos
lugares y ya me imagino para qué -dijo.
-Quiere transformar a
todos los trabajadores en mutantes- añadí yo al vuelo.
-¡Exacto! quiere un gran
ejército poderoso, si no evitamos que se apodere de ellos puede que no podamos
pararlos.
-Esta vez quiere robar la
“Mano de Zeus”- dijo mi abuelo Lucas.
-Pues le costará
arrebatármelo de la boca, no pienso decir ni una sola palabra de donde está, y
no lo sabe nadie excepto yo, así que no hay que
preocuparse- dijo mi abuela materna.
Es verdad, ella era la
única que sabía dónde estaba ese artefacto capaz de abrir un portal que
conectaría dos mundos dispersos de otras galaxias.
SM lo quería para abrir
un portal entre éste y su planeta para que su ejército pueda hacerse más fuerte
y destruir el mundo. Pero cuando mi abuela muera se lo dirá a mi madre, y cuando mi madre muera me lo
dirá a mí. Si de verdad piensa SM robar el artefacto le costará, ya que no
podrá sacarle nada a mi abuela.
Mi tío Jeremy empezó
diciendo:
-Sí que hay que
preocuparse si dejamos que su ejército mute de nuevo. Ahí entras tú, David- se
miraron todos con cara de preocupación- tu misión es penetrarte en los muros de
la “Torre Sombría” y sabotear el circuito solar que es su fuente de energía
para las máquinas que mutan a las personas. Esa es una de las guardias de SM
que no puede tele-transportarse, por eso tiene dos mil guardias protegiéndola,
pero tú, David, eres el más rápido y pequeño para poder entrar en esa torre sin
ser visto. Yo iré a destruir el ejército que va a tacar la empresa Seat, tú,
amor, irás junto con nuestros hijos a destruir el ejército que va al Mercadona,
tú, papá irás al ejército del Eroski, tú madre te quedarás aquí escondiéndote
de cualquier peligro, tú, hermana irás al ejército del Alcampo, y los ejércitos
de Barcanova y Maped los destruiremos mi mujer y yo junto mis hijos y el otro
los demás ¿Ha quedado claro?
-Con destruir ¿A qué te
refieres? No pensarás que uno de nosotros puede con doscientos mil Serfs-
preguntó mi madre.
-Con destruir me refiero
a matarlos a todos, no uno por uno sino a todos a la vez.
-¿Cómo vamos hacer eso?
¡Es imposible!- mi madre se puso la mano en la cabeza como señal de que no
entendía nada de lo que estaba pasando.
-No es imposible, mi
mujer ha creado algo que puede matarlos a todos de un golpe.
-¿El qué?- Pregunté yo
que no podía contener más la intriga.
-Con una bomba.
Capítulo 3: Una
bomba con dinamita
Era redonda, negra y si
la observabas con un microscopio podías ver que tenía incrustada por toda su
superficie millones y millones de púas pequeñísimas, incapaces de verse a
simple vista por el ojo humano.
-¿Y eso cómo funciona?-
preguntó mi madre no muy convencida.
-Fácilmente. Tú colocas
esta bomba en un punto donde halla un grupo de Serfs como es el caso. Te
retiras unos cinco kilómetros y con un transmisor a distancia aprietas el
botón, la bola expulsará las púas con aire comprimido a una velocidad más
rápida que la de la luz. Y éstas automáticamente esquivarán todo tipo de
objetos que se pongan por medio entre ellas y su blanco es decir, un Serf- y mi
tío se puso unos guantes muy gordos para que cuando cogiera la bola no se
pinchara ni se envenenara.
-Pero ¿Cómo va a saber la
púa si es un Serf lo que tiene delante o una persona?- mi madre no se dejaba
convencer.
-No lo pueden saber-
respondió mi tía al vuelo.
-¿Cómo que no lo pueden
saber? ¿No has dicho que esquivaran todo tipo de obstáculos?- mi madre estaba a
punto de estallar.
-Es que no me has dejado
acabar, dijo que no podían saberlo hasta hoy. Ayer a noche pasé, como ya sabes,
a recoger el Serf que David había capturado, pues bien, toda esta noche me la
he pasado indagando en encontrar una forma que las púas hicieran eso, esquivar
todo tipo de objetos. Lo conseguí porque extraje una sustancia y ADN del Serf y
hunté todas las púas con esta sustancia mezclada con metales. Así conseguí que
las púas y los Serfs fuesen polos opuestos, y cuando la bola no retuviese más a
las púas, ellas solas se irían a clavar en los Serfs como un imán.
-Bien, ya está todo
aclarado- y mi tío empezó a repartir
bombas a todo el mundo menos a mí y a mi abuela, que no las íbamos a necesitar.
- Tú mamá te quedarás
como ya hemos dicho aquí como protección de seguridad. Y tú David dentro de una
hora nos reuniremos otra vez en el huerto y te llevaré transportándote a unos
quinientos metros de distancia de la Torre Sombría; durante esta hora te
despedirás de tus amigos y te prepararás para ir a la misión, buena suerte.
Me despedí de todos con
dos besos y un abrazo, y todos me desearon mucha suerte, pero mi madre la que
más. Salí del huerto a toda prisa para ver si llegaba a tiempo a pillar a
Marina y Alex saliendo del garaje. De camino hacia el instituto escuché que el
timbre había tocado y era la hora de salir. Observé naves despegando a toda
prisa pasando por encima de mi cabeza; cuando vi la nave de Alex que iba a
pasar por encima de mí entonces salté. Me agarré en un extremo de la nave y me
impulsé para caer dentro de ella. Marina pegó un chillido de sorprendida y un
bote de sobresalto.
-¿Qué te han dicho?
¿Alguna misión especial?- dijo Marina.
-Si, por eso me vengo a
despedir- y me puse en el asiento de delante (no me gusta ir detrás) con Alex-
tengo que ir a la Torre Sombría a sabotear el circuito solar que es la fuente
de energía para mutar a los humanos.
-¿E iras tu solo? ¿Eso no
es muy peligroso?- añadió Alex, a él le importaba más mi supervivencia que lo
que demostraba Marina.
-No si sabes cómo
hacerlo- añadí- es más mi familia tiene que ir a dispersar todos los ejércitos
que los Serfs han reunido.
-¿Qué los Serfs se están
agrupando?- dijo Alex.
-Sí, suponemos que
quieren a toda la población mutada en Serfs.
-Qué raro… Los Serfs
jamás habían actuado así ¿No? Ellos siempre van individuales o en parejas pero
jamás habían trabajado en grupo- Alex parecía muy implicado en el tema.
-Creemos que quieren
reunir un ejército para poder conquistar todo el mundo- y llegamos a mi casa-
bueno yo aquí me bajo, hasta la próxima.
-¡Adiós! Que tengas
suerte- añadió Alex.
-A ver si me traes algún
recuerdo de la torre sombría ya sabes- y Marina me guiñó un ojo. Los ví
alejarse.
Entré dentro de casa para
cambiarme de ropa que estaba muy sudada y ponerme una nueva más apropiada para
la misión. Me puse primero el mono negro y rojo, después un chaleco que te
protegía de fuertes golpes, un pantalón muy ajustado al cuerpo para darme
movilidad y además eran súper elásticos, y encima de todo esto una capa
invisible para poderme infiltrar más fácilmente. Me cargué a la cintura un
cinturón que contenía todas las armas esenciales y me metí la vara en el
bolsillo. Ya estaba listo. Tenía que ir al huerto a reunirme con mi tío, pero
cuando fui a salir de casa, una fuerza me absorbió y durante unos minutos solo
veía colores y colores con líneas uniformes alrededor mío, ya había sentido esa
sensación antes, me estaban tele-transportando.
Acabé en un mundo que
sólo había oscuridad, con una sola luz proveniente del cielo que enfocaba a una
mesa de cristal, donde en su superficie había un mensaje. Me acerqué y apreté
un botón invisible y el texto se levantó delante de mí y una voz lo leyó en voz
alta. Era la voz de mi tío Jeremi.
-David, se que teníamos
que reunirnos en el huerto pero no había tiempo. Nos hemos dado cuenta que los
Serfs han empezado a mover sus filas y pueden que ataquen antes de lo previsto.
Así que tendrás que seguir con tu plan igualmente. Aquí tienes un
tele-transportador- Y el texto desapareció y de la nada se creó un
tele-transportador. Era como una U azul, y tenía muchos encajes pero en medio
de la U tenía un botón, lo apreté y me desintegré.
Aparecí en las playas de
Barcelona a unos quinientos metros de distancia de la torre. Pero yo sabía un
túnel secreto de aguas residuales que desembocaban en la playa y pasaba por
debajo de la Torre Sombría. Tuve que andar una hora alrededor de la playa, y me
paró un señor que me vendía el periódico con las noticias de hoy, se lo compré
por veinte euros. En la portada aparecían las letras en 3D que ponían la fecha
de hoy: 6 de Diciembre del 2999; más abajo una fotografía móvil demostraba una
familia que aseguraba que su marido había desaparecido, y que en ese mismo día
veinte familias distintas de Cataluña habían denunciado una desaparición. Un
reportaje sobre esto decía que las familias de Cataluña empiezan a trasladarse
a otras regiones a causa del miedo que tiene todo el mundo: Desaparecer.
<<Si no paramos a los Serfs no habrá sitio seguro donde huir>>. Al
fin, encontré la desembocadura, de altura medio metro aproximadamente, así que
tuve que ir agachado la mayoría del tiempo.
Pasé por unos cuantos
cruces de túneles. Estaba todo muy oxidado a causa de la humedad, había muchas
ratas por todos los canales bebiendo de la poca agua que había. Con mi
rastreador GPS pude observar que ya estaba debajo de la torre. Así que me puse
la capa alrededor mío y me volví invisible. Con una navaja redonda hice una
circunferencia en los cimientos de la torre para poder pasar. Hice un agujero
en el suelo en una de las habitaciones y tiré dentro unas seis arañas
buscadoras y las dejé que hiciesen su trabajo, y esperé a que volvieran.
Tardaron unos cinco minutos y el resultado me sorprendió. Al principio creí que
los resultados que me daban estaban mal pero luego cuando entré me lo creí.
Abrí un agujero más grande para caber yo y pude observar que la habitación era
completamente blanca, el suelo, las paredes, el techo, todo era blanco menos
algunas paredes que daban al exterior y eran de cristal. Estaba todo vacío.
Recorrí la torre unas dos veces de arriba abajo para ver si descubría algo. Al
principio iba alerta con la capa y la vara en la mano. Luego ya me quité la
capa y guardé la vara en el bolsillo. Estaba seguro que la Torre Sombría estaba
completamente vacía. Sin rastro de ningún Serf.
Y lo escuché. Era un
ruido descompasado pero iba en aumento.
-Tic, tac, tic…- parecía
un ritmo. Creí que venían de las calderas así que a medida que me iba acercando
al subsuelo de la torre donde estaban situadas las caldera pude escucharlo más
atentamente.
-Tic, tac, tic, tac, tic,
tac…-parecía un reloj. Un reloj que iba mal ya que los segundos cada vez iban
más rápidos. ¿Para qué iban a dejar los Serfs un reloj en los cimientos de la
torre dónde el calor abundaba en toda la sala? Entonces lo entendí, pero ya era
tarde. Pude ver el reloj que asomaba por detrás de una tubería. Era un reloj
normal y corriente y marcaba 0:02. Iba conectado a unos cables rojos y azules
que conectaban seguidamente a unas cajas de madera, donde ponían ¡¡DINAMITA!!.
Entonces el reloj marcó 0:00. Y la bomba explotó.
Capítulo 4:
Una captura sangrienta
Los colores me llenaron
por completo. Líneas oblicuas pasaban por mí alrededor. De repente todo se
volvió negro y caí en un vacío, hasta darme con la cabeza contra el pico de una
mesa. Me levanté del suelo del huerto un poco mareado, miré de un lado a otro
para situarme donde me encontraba.
-¿Qué ha pasado? ¡Has
aparecido de golpe!- dijo mi abuela. Entonces me volví hacia el sillón donde mi
abuela Elisabeth solía sentarse a ver lucha libre en el aire.
-La Torre Sombría estaba
vacía no había nadie y…- y mi abuela dijo en voz alta.
-Apágate- y el fotograma
se apagó- normal que no hubiera nadie, los Serfs ya no necesitan una central
eléctrica para mutar a las personas. Eso es lo que intenté decirles a mis
hijos, pero como ellos son tan cazurros y no quieren escuchar a su madre porque
chochea…
-¿Cómo que ya no
necesitan una central para poder mutar a las personas?- yo no entendía nada.
-No, ahora SM ha
conseguido inventar un aparato, parecido a una gorra de beisbol del siglo
veinte, que inyecta una sustancia en el celebro y se reparte a través de las
venas que van directamente al corazón, así los impulsos eléctricos de las
neuronas cambian y ya pueden controlar. Luego puso una bomba en la torre para
ocultar cualquier prueba para poder saber donde está o que hará.
-Entonces, ahora ya ¿no
se podrá saber su paradero?- pregunté.
-No, a menos que ya sepas
donde está-sonrió y se volvió a tumbar en la tumbona y miró al techo-
enciéndete- y el fotograma volvió a aparecer justo cuando un tío de una
musculatura brutal deja a otro fuera de combate- ¡Bien! ¡Chúpate esa
frenteVerde!-mi abuela era una apasionada por la lucha libre, aunque creíamos
que con ciento dieciocho años ya empezaría a ver telenovelas como las típicas
abuelas, pero ella prefiere la lucha- ves hablar con tu tío que está en el
sector Seat y pregúntale cuál es tu misión. Los Serfs ya han empezado a moverse
y han puesto a todos los trabajadores de las empresas que temíamos que atacaran
contra la pared. Tu misión lo más seguro es ir a la central donde fabriquen las
gorras de beisbol e intentes sabotear esa central. Pero por si acaso ves a
hablar con tu tío Jeremy. ¡Buena suerte!.
-Pero, abuela, ¿Cómo voy
a ir hablar con mi tío si está intentando salvar a la mayor gente posible? ¿No
debería ir directamente a sabotear la central? Que por cierto ¿dónde está?- yo
ya me estaba esperando lo peor, porque como lo Serfs consigan que su plan de
reclutar a tantas personas funcione, se expandirán por toda España.
-¡A sí es verdad! ya no
sé donde tengo la cabeza- se levantó de la tumbona- Risse acércate. Y una
maquina parecida a un esqueleto humano se acercó flotando en la superficie. Mi
abuela se dio la vuelta, se dejó caer hacia la máquina y ésta se ajustó a la
espalda de mi abuela. Ahora mi abuela no tendría que hacer ningún esfuerzo en
moverse, lo haría la máquina- acércate al salón, copia el mensaje que mi hijo
Jeremy me ha enviado hace una hora- la máquina a duras penas se acercó al salón
e introdujo un cable en el monitor de la mesa y extrajo el mensaje de mi tío-
ahora léelo en voz alta, con voz de mujer.
El robot empezó hablar en
una voz irritante de pito.
-Di-le a mi so-bri-no que va-ya ha-ci-a las si-gui-en-tes
co-or-de-na-das: @230 me-tros ver-ti-cal, @450,90 ho-ri-zon-tal. Pun-to de
re-fe-ren-ci-a HU-ER-TO.
-Vale, si lo llego a
saber lo léelo yo misma- dijo mi abuela- ahora vete, corre, tienes trabajo.
Llévame a la cama, tengo sueño.
Y se alejó por un pasillo
hacia su habitación. Yo me acerqué a la puerta para irme a casa de Alex y coger
mi nave que ya estaría reparada. Aunque pensándolo mejor ya eran las doce de la
noche y no tenía ganas de despertar a nadie. Así que introduje las coordenadas
en el transportador y apreté el botón.
Aparecí en un lugar que
apestaba a basura. Era un vertedero. No podían haber elegido ningún sitio mejor
para poder construir sus juguetes. Pero claro, allí ¿Quien se iba a acercar a
menos de un kilómetro? Yo por supuesto no. Me tapé la nariz con la manga de mi
sudadera y fui esquivando basura, grúas que transportaban en su mano bolsas de
frutas podridas (lo sé que eran frutas porque me callo una en la cabeza, y nada
más tocar mi cabeza se deshizo al instante, fue asqueroso) y toda clase de
porquerías familiares y empresariales. Entonces vi a lo lejos un edificio:
blanco y bajo de unos treinta metros, alargado, con cristales en las paredes y
una chimenea que expulsaba un humo amarillo. Supuse que allí era, así que me
acerqué.
Me puse la capa de
invisibilidad, saqué de mi bolsillo otras ocho arañas buscadoras, las cuales
saltaron y extendieron sus ocho patas alargadas de unos treinta metros, tenían
un detector dentro de la cáscara que lo sujetaba todo; empezaron a diseñar todo
lo que había en la fábrica en sus chips internos. Cuando acabaron todas de
analizar el edificio, con un aparato llamado “Creador de Imágenes”, puse todos
los chips de las ocho arañas en él y el aparato me dibujó el edificio tal y
como era por dentro.
Parecía una fábrica de
reutilización, pero las arañas pudieron observar que dentro de cada bolsa de
basura se encontraba una “gorra de beisbol”, cubierta por mantas para
protegerlas y que no se rompiesen. Había unos mil Serfs por toda la fábrica,
pero en el segundo piso donde estaba todos los ordenadores que controlaban las
máquinas de la central y el circuito colar, sólo habían unos doscientos Serfs.
Cuando me acerqué por detrás del edificio pude observar que había una escalera
para subir. Me columpié de hierro en hierro, haciendo volteretas en el aire
hasta llegar al tejado. Fue entonces cuando lo oí. La alarma de intrusos había
saltado ¿Pero cómo? Llevaba la capa de invisibilidad nadie me podía ver. Así
que volví donde estaban las escaleras y con un impulso salté veinte metros
hasta llegar al suelo, pero caí bien y me puse de pie. Entonces miré hacia
arriba y vi que habían unas cámaras, pero no eran unas cámaras normales, eran
unas cámaras térmicas. Por eso me habían visto, porque mi cuerpo desprende
calor con o sin capa.
No llegué a girar la
primera esquina cuando unos cien Serfs me rodearon. Veinticinco por delante,
todos ellos eran grandes y fuertes, sin duda de tipo roca; arriba se
encontraban los voladores otros veinticinco con su picos retorcidos y una
ametralladora en las manos; detrás me
rodearon los de tipo fuego que eran cincuenta, y así me consiguieron capturar,
cuando mis instintos me alertaron y salté en el aire, busqué en mi bolsillo y
por fin encontré las granadas y las tiré hacia los Serfs de roca, porque eran
los únicos que había visto hasta entonces, pero cuando la granadas cayeron y
explotaron, acto seguido caí yo, y los Serfs de tipo fuego ya me tenían
preparada una bonita red paralizadora para que cayera encima. Así que cuando me
faltaban unos pocos metros por caer, saqué la vara transportadora y apreté el
botón. Un gancho salió de dentro de la vara y se clavó en un trozo saliente de
tubería del techo y me balanceé hasta llegar a la pared. Allí clavé los pies y me
di impulso hacia atrás para poder saltar por encima de los Serfs de tipo fuego
y llegar al tejado. Pero otros veinticinco Serfs de tipo aire me estaban
esperando en las alturas, entonces solté el cable y quedé suelto en el aire a
punto de caer al tejado cuando de mi bolsillo (era la última arma que me
quedaba) pude sacar el cable de espinas de diez metros. Mientras iba saliendo
de mi bolsillo iba disparando espinas venenosas hacia delante, y Serf por Serf
fueron cayendo de las alturas hacia el suelo. Solo quedaban dos Serfs que
consiguieron esquivar las espinas, entonces empezaron a dispararme con su
armas, me faltaban diez centímetros para caer en el techo cuando de pronto, por
culpa de mi peso y que los Serfs habían dañado la superficie, caí del tejado hacia
dentro de la fábrica. Quinientos Serfs me estaban esperando a tirarme otra red
eléctrica que ésta por desgracia no la pude esquivar, ya que caía a una
velocidad impresionante no me dio tiempo a darme la vuelta y ver lo que me
esperaba. Finalmente me tenían en sus redes paralizadoras, y no me podía mover.
Me inyectaron alguna sustancia somnífera porque después de esto no me acuerdo
de nada. Sólo de un nombre: Cinta Correctora.
Capítulo 5: Cinta
Correctora
Me desperté. Lo veía todo
un poco borroso, supongo que a causa de la sustancia que me inyectaron. Cuando
empecé a ver con más claridad, pude adivinar donde me tenían metido; era una
jaula, una especie de prisión. Yo ya había visto este tipo de jaulas, eran las
de la policía nacional. Pero estas jaulas no eran de Cataluña, estas jaulas
estaban prohibidas porque contaminaban mucho. << ¿De dónde las han
sacado? >> pensé. Era redonda, una esfera de color blanca, con un cristal
oblicuo en el centro de la bola por donde pude observar que otras mil millones
de jaulas estaban situadas alrededor y delante de mí. Al lado de cada fila de
celdas, que estas estaban incrustadas en la pared, había una especie de carril
donde unas plataformas redondas con Serfs encima de ellas se desplazaban. Creo
que la sala era redonda porque las celdas iban girando hasta desaparecer
alrededor de un tubo. Cada celda tenía una luz arriba, la mayoría era roja, la
mía era roja, y más me valía que siguiera siendo roja, porque si se ponía de
color verde querría decir que me había mutado a un Serf.
Pude observar que dentro
de cada celda había una persona humana. Las cuales se transformaban a la semana
en Serfs. Lo pude comprobar porque un día me fijé que un Serf en la fila que
tenía delante abrió la jaula. Cuando entró la persona estaba tirada en el suelo
moribunda (ya que no nos daban de comer ni de beber para que nos debilitáramos
antes y ellos poder hacer su trabajo) le inyectó una jeringuilla que tenía
preparada en la mano con una sustancia verde en el interior. Cuando se vació el
contenido cargó a la pobre criatura en los hombros, se subió a la plataforma y
desapareció. A las dos horas volvía con la persona en los hombros, lo único que
cambió fue que ahora esa persona tenía una cinta en la cabeza, donde tenía
incrustadas unas letras: CINTA CORRECTORA. << ¿Así que lo último que
recuerdo del almacén es una de estas cintas?>>. Volvió a meter a la persona
en la celda y se fue por donde había venido.
Durante dos días las
personas chillaban, luego vomitaban lo poco que tenía en la barriga y
finalmente se desmayaban del dolor. Al tercer día la cosa cambió, ya se podían
ver cambios, la gente se le mudaba la piel por otra más dura y gruesa. Le
empezaban a salir esporas negras las cuales se fusionaban con otras y al acabar
el día ya tenía una coraza fuerte. Al cuarto día se podía ver que elemento le
habían inyectado (fuego, aire, agua, roca, bicho etc.) si le salía alas, o
escupía fuego o simplemente le salía una cola desde el cóccix. Para acabar al
quinto día, sus huesos se desarrollaban y empezaban a crecer de forma brutal,
casi tanto que cuando acababa el día duplicaba su tamaño y casi no cabía ni en
la celda. Entonces la luz roja, que tenía encima de la celda, se transformó en
verde. En pocos minutos un Serf venía con unas cadenas para llevarse al mutante
de dentro de la celda. Cuando la abrió, de dentro se levantó un Serf de tipo
bicho (como contra el que luché en las azoteas de las casas la noche antes de
la misión de la Torre Sombría). El Serf que tenía las cadenas, le quitó de la
cabeza la cinta correctora, y le puso unas cadenas gruesas y fuertes en los
pies y en las manos con un poco de separación entre ellas. Lo subió a la
plataforma y se lo llevó. Al día siguiente otra persona ya ocupaba su lugar,
con la luz roja en la superficie.
Creo que pasó por lo menos
un mes (porque vi a cinco personas que mutaban en la misma celda) cuando la
plataforma que en teoría tenía a mi lado se paró justo al lado mío. Me habían
entrenado a no pasar hambre ni sed, pero un mes sin comer ni beber era un poco
excesivo así que mis fuerzas no eran lo que deberían ser. Aún así cuando el
Serf me abrió la celda con una jeringuilla en la mano, de un salto le pegué una
patada en el estómago, y con un chillido cayó al vacío de la sala.
Subí a la plataforma y me
agarré a la bola que sobresalía, sin querer apreté un botón que estaba por
debajo de esta bola y la plataforma se movió de arriba abajo, a un lado, otra
vez arriba hasta llegar delante de un pasadizo. Era redondo como la sala donde
estaban las celdas, lo único que éste se extendía delante de mí no hacia abajo.
Era blanco, todo era blanco. Un tubo que parecía que no se acabara nunca,
porque por lo menos estuve recorriéndolo unos cinco minutos hasta llegar a una
puerta de acero valiryo (era un acero que se encontró en el siglo pasado en
unas ruinas sumergidas del Océano Pacifico, en teoría era la antigua Valiria.
Así que extrajeron todo el material que pudieron y los científicos pudieron
afirmar que era el material más fuerte, resistente y afiliado del mundo) donde
tenía a su izquierda un lector de ojos. Cuando fui a arrimarme para verlo
mejor, la puerta se abrió. Un Serf salió de ella con una jeringuilla en la
mano, pero antes de que pudiera verme yo ya estaba en su garganta inyectándole
todo el contenido de la jeringuilla. A los pocos segundos cayó al suelo. Entré
en la sala, la cual tenía otra segunda puerta de acero valiryo. Entonces
acerqué al Serf al lector de ojos y la puerta se abrió. Delante de mí se
extendía una sala redonda. Había muchos Serfs trabajando con pantallas
digitales que estaban proyectadas en la pared. Otros estaban en el centro,
donde había una gran esfera que proyectaba un mapa con muchos números y más
pantallas digitales. Ninguno de ellos se percató de mi presencia, así que de
cuclillas me acerqué a un baúl que estaba al lado de la puerta y esperé.
De repente un Serf entró
chillando en una lengua desconocida para mí (supongo que era por el Serf que
había dejado fuera de combate en la puerta) otro hizo saltar la alarma y unas
luces rojas invadieron la sala junto con un sonido irritante. Pude ver como el
Serf que trabajaba con las cámaras de vigilancia me estaba viendo minutos
antes, como había dejado fuera de
combate al Serf que estaba tumbado en la puerta. Entonces me percaté que no
tenía escapatoria. La puerta se cerró de golpe. Todos los Serfs miraban a su
alrededor buscándome desesperadamente. Entonces la vi… era una ventana de
cristal, así que me decidí ponerme en pie y traspasarla. Me levanté y salí
corriendo hacia la ventana, con un impulso la traspase y caí, caí…
Capítulo 6: Sr.
Slinz
La central por lo menos
tendría que tener treinta metros de altura, ya que cuando abrí los ojos para
poder ver el final, sólo veía a personas como si fueran hormigas en la lejanía.
El viento me azotaba en la cara, un poco de saliva me salió de la boca por
culpa de la fuerza con la que estaba cayendo. No tenía fuerzas ni para batir un
pocos las manos, tenía mucha hambre y sobre todo sed. Creí que sería mi final,
poco antes de que cayera encontré en la acera una entrada a la torre, la cual
tenía un parasol para que la gente pensara que era una empresa muy elegante. Si
tenía suerte, chocaría contra él parasol que amortiguaría la caída, pero aún
así sería muy doloroso y me rompería algún hueso. Cuando faltaban cinco metros
para el bordillo, una nave me pasó por debajo y me agarré a su parte trasera,
pero la nave iba muy rápido, intenté parar un poco la velocidad; pero me
resbalé y cuando ya estaba a punto de chocar contra el parasol, otra nave pasó
por encima de la puerta y el conductor me cogió por el brazo y yo hice el resto
así pude conseguir meterme dentro de la nave.
Era un hombre de esta
época, con su gorro espacial para poder ver toda clase de objetos en alta
calidad de imagen, un atuendo muy galáctico con el que se podría ir al espacio
y su nave era uno de los mejores modelos que había. ¡Era una nave 1.000.000!
¡Una de las naves más rápidas del mundo! (excepto las de carreras y las de la
NASA). Era blanca, los bordes tenían forma de relámpago. Como todas las naves
era descapotable pero podías ponerle techo. La luna delantera era de cristal de
color azul oscuro, los asientos eran de piel de buey, tenía la opción de poder
girar 360º grados si querías, era de inyección y podía llegar a los 1.000 km/h
más rápidos que la velocidad de la luz. ¡Era una pasada!
-¿Qué tal chico, estás
bien?- preguntó mirándome de reojo hacia atrás.
-Sí, un poco mareado y
con sed eso es todo- respondí con una mano en la cabeza para estabilizármela.
-¿Quieres que vaya más
despacio? Si te parece bien te llevaré a mi casa para que reposes y más tarde a
la tuya si quieres- dijo.
-Como quieras- entonces
me di cuenta.
Los edificios eran muy
altos, las calles muy estrechas y el tenia un acento muy raro.
-Por cierto ¿dónde
estamos? Es que creo que con el mareo no estoy muy situado- dije para disimular
por si no era Cataluña.
-En la calle principal de
Buenos Aires, San Marino ¿Ya estás situado?- preguntó.
-¿Buenos Aires?
¿Argentina?- no podía ser Argentina, los Serfs no se han movido nunca de
Cataluña.
-Claro, ¿dónde si no?
¿Estás seguro que estás bien?- y siguió mirando para delante y bajo la
velocidad.
-Te he dicho que sí
gracias, sólo es un mareo nada más- ¿Argentina?
¿cómo he podido desplazarme de Cataluña a Argentina?
Nos paramos en unos cinco
semáforos, como estaba de color lila paramos y cuando se puso rosa pudimos
pasar. Y en dos ocasiones tuvo que elevarse más de la cuenta para adelantar a
dos naves que iban muy lentas.
Giró por una calle,
parecía uno de los barrios más lujosos de Argentina, ya que tenía un montón de
naves de lujo aparcadas en hoteles de siete estrellas. Por la calle iba gente
con muchas joyas, también habían hombres vestidos de verde con sombrero, eran
sus guardaespaldas. Aparcó delante de una casa; había una placa encima de la
gran puerta de tres metros que ponía: Sr. Slinz. Apagó el motor, esperamos
cinco minutos a que se enfriase por precaución, para que nadie le pusiera algo
inflamable en el motor y volara por los aires esa lujosa nave 1.000.000.
-Te presento mi mansión.
La gané en una subasta por valor de unos veinte millones de euros. Un día con
suerte- y entró por la puerta entre risitas. Se notaba que estaba muy orgulloso
de tener dinero.
-¿Cómo te convertiste en
rico?- pregunté mientras estábamos esperando al súper-elevador que nos llevase
alguna sala en especial.
-No me convertí, lo ganó
todo yo solito por mis esfuerzos- parecía un poco indignado y satisfecho.
La puerta de cristal se
abrió ante nosotros y subimos.
-¡Sala quince!- gritó en
voz alta. La plataforma empezó a subir hasta llegar a una sala donde encima de
la primera puerta ponía: Sala 15.
Era una gran sala donde
había muchas personas con copas de vino en la mano, trajes de grandes marcas y
grupos reunidos en una mesa jugando al TANGO (Un juego originado en el siglo
XXVII donde los apostantes que apuesten más dinero pueden llevarse el doble o
el triple. Solamente necesitan que su contrincante, o como los llaman ellos, su
adversario, elija un número al azar del uno al millón y decida ir a por el
bote. Una vez que ambos jugadores han dicho sus números, se tira una bola
dentro de una gran esfera, y se espera a que caiga por el otro extremo. Cuando
sale tiene un número incrustado en su superficie donde sale un número a boleo
par o impar. El postor que haya decidido un número par o impar depende lo que
salga, se lleva su dinero a más del de su contrincante y si encima su número es
el mismo que el que ha salido se vuelve rico con el triple de la suma de su
dinero y el del oponente).
-¿Con tu dinero te has
pagado todo esto? ¿Incluso a las personas que hay aquí presentes?- con el
dinero se puede comprar hasta el tiempo de las personas.
-Ha parecido que tu
pregunta llevaba algo de maldad, pero no. Estas personas están aquí porque yo
las he invitado a mi decimosexto aniversario, desde que gané una partida al
Tango y me hice inmensamente rico, como ya sabrás-<< ¿Con qué te lo has
ganado con tus esfuerzos? ¿Qué esfuerzos? ¿Los de tirarte horas y horas
practicando en un juego de azar?>> pero por supuesto no se lo dije ya que
era su invitado.
-¿Dónde puedo beber y
comer algo?- pregunté con ansiedad.
-En la cocina a mano
derecha- y con el dedo índice me ha señalo un estante lleno de cubos enlatados
al vacío donde contenían barritas energéticas y líquidos que te dan energía. Me
acerqué y abrí una caja donde habían barritas energéticas y me llevé una a la
boca. (Nunca me han gustado estas barritas. Prefiero un buen trozo de cerdo.
Pero es lo que hay) y me comí unas treinta barritas y dejé a medio regimiento
de gente sin sus barritas y su bebida energética.
Subió a un escenario que
había, entonces todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se acercaron
con sus copas a oír lo que el Sr. Slinz tendría que decirles. En cambio yo me
decidí ir al guardarropía.
Si de verdad estaba en
Argentina tenía que buscarme un pasaporte para poder viajar de nuevo a
Cataluña, unas cuantas armas para poder defenderme de cualquier ataque de los
Serfs y provisiones por si no pudiera comer nada por el camino. Entonces fui
abriendo los bolsos y maletas con un destornillador, porque por supuesto yo no
tenía una huella dactilar compatible para que se abriera alguno de ellos. Tenía
práctica ya en abrir maletas cuando en una misión, los Serfs habían escondido
una bomba en una maleta en el aeropuerto de Barcelona, y tuve que ir maleta por
maleta con un destornillador abriéndolas para asegurarme que no contenían
ninguna bomba. Así que acabé rápido de llenarme una mochila con comida, obtuve
dos pasaportes por si acaso y se ve que uno de ellos era policía nacional
porque tenía un regimiento de armas en su maleta. Por supuesto, le quité la
tarjeta de su maleta al Sr. Slinz de su nave. Me escapé por una de las ventanas
y fui deslizándome poco a poco por una tubería hasta llegar a la calle donde
había aparcado su nave. La encendí y me fui a todo gas hacia el aeropuerto. Al
principio fui preguntando a la gente donde estaba el aeropuerto pero, a medio
camino vi en las pancartas de la policía que se veían por todo el mundo que un
tal Sr. Slinz había denunciado un robo de su nave, creía que la había robado un
tal David (ese era yo porque aparecía mi foto en todas las pantallas) así que
tuve que irme escapando de la policía.
Llegué al aeropuerto
antes de la madrugada. Serían las once de la noche. Le robé la chaqueta a un
hombre que estaba leyendo el periódico esperando a que le llamaran para poder
recoger su pasaporte, y a una señora su gorro. Tenía que ocultarme de cualquier
policía que viera. Me puse unas gafas que pedí en objetos perdidos y saqué mi
pasaporte para poder ir a Cataluña en menos de dos horas. Se lo habían tragado
porque me hice una foto y la traspasé al pasaporte, con unos cuantos trucos de
piratería se cambió la foto de un tío por la mía.
A la una saldría mi
vuelo, así que esperé a que dijeran por el altavoz que los pasajeros ya podían
embarcar en el avión destino a Cataluña. Fueron muy puntuales y a las una y
cuarto ya estaba sobrevolando el mar Atlántico para ir al aeropuerto de
Barcelona.
Capítulo 7: Turbulencias y…
Capítulo 7: Turbulencias y…
La mayor parte del vuelo
fue tranquilo, pero como ya habréis podido observar en mi vida nada es
tranquilo no por mucho tiempo, y en este caso no iba a ser una excepción.
Durante todo el trayecto
estuve expectante y alerta de cualquier movimiento extraño que hubiese en el
avión. Estaba destinado a llevar cincuenta pasajeros, pero en este instante
éramos veinticinco aproximadamente. No noté nada fuera de lo normal que me
delatase que hubiera un policía infiltrado entre los pasajeros. Estaba en la penúltima fila a la izquierda
sin nadie a mi lado, observando por la ventana las nueves grises y deformes. La
noche era muy oscura sin luna, además, estaríamos sobrevolando Portugal sino me
equivocaba y ese país desde que pasó la guerra de “Las Hermanas” jamás ha
vuelto a ser el mismo.
Entonces el avión empezó
a tambalearse <<Lo más seguro era por unas turbulencias>> pensé.
Pero poco a poco me fui fijando por la ventana, que el ala de la izquierda se
iba elevando mucho y empezamos a girar en círculos hacia la derecha. La gente
empezó a chillar, los niños a llorar y los hombres se levantaban para acercarse
a ver por las ventanas de la derecha << ¿Qué estará pasando?>>.
-Queridos pasajeros- era
la voz del piloto saliendo por el altavoz que teníamos situados en la cabeza-
el avión ha tenido un pequeño percance pero no pierdan la calma- se detuvo un
momento- el motor de la derecha ha dejado de funcionar- << ¿Qué ha dejado
de funcionar, nos vamos a caer?>>- pero intento mantener el avión en el
aire, por favor pónganse los chalecos salvavidas y un paracaídas. Gracias- y
durante unos cinco segundos el silencio se apoderó del avión.
-¡Uaaaaaaaaaaaaaah!- los
pasajeros empezaron a chillar, estaban sin control unos se pisaban a otros,
pasaban por encima de los demás sólo para arrebatarle un salvavidas a la
azafata, yo en cambio me acerqué a una de las ventanas de la derecha para
observar el motor, éste estaba envuelto en llamas color carbón con llamas rojas
luchando por salir a la superficie.
<< ¿Cómo se ha
podido incendiar?>> y con muchos esfuerzos me fui agarrando a cada
asiento que tenía delante para poder avanzar.
Había muchas
turbulencias, el avión estaba cayendo a toda velocidad, iba girando en círculos
por culpa que sólo funcionada un motor. El avión me tambaleaba cada segundo que
pasaba, pero llegué a tiempo a la cabina del piloto y la abrí. Dentro se
encontraba el piloto que estaba chillando por su micrófono, lo más probable con
algún responsable de la central de Socorro.
-¡TENEMOS UN MOTOR FUERA
DE CONTROL, EL AVION SE VA A PIQUE POR LA DERECHA Y CAEREMOS EN MENOS DE UNA
HORA! Por favor, enviarnos aviones de Socorro- y colgó.
Entonces cogió el volante
con las dos manos rodeándolo y con toda su fuerza lo aproximó hacia su pecho.
El avión dio un giro brusco que agitó a toda la gente que iba a bordo, a mí me
obligó a sentarme en el asiento del copiloto o me rompía la cabeza.
-¿Qué va a pasar señor?-
pregunté.
-No te voy a mentir; lo
más seguro es que acabemos estrellándonos contra el suelo y muramos todos…- y
echó un gran suspiro. Dejó el volante suelto y el morro de repente se inclinó
noventa grados hacia delante, sólo se veía la tierra ante nosotros. En su
contador de altitud pude observar que cada segundo que pasaba descendíamos un
metro más.
-¿Dónde estamos situados
exactamente? ¿Encima de qué ciudad?- pregunté levantándome del sillón.
-Lo más seguro es que
estemos en Lérida, pero los aviones de Socorro tardaran una hora en estar
preparados, así que no hay esperanzas- y se tumbó hacia atrás con signo de
despreocupación.
-Siempre la hay- y apreté el botón del piloto automático.
Me levanté del asiento y
abrí la puerta. La gente estaba sentada en su asiento con el salvavidas y el
paracaídas puesto en la espalda. Todos estaban en silencio tecleando en sus
móviles algo a sus familias y amigos, se estaban despidiendo. Yo me dirigí a la
parte trasera del avión a por un paracaídas. Entonces la azafata se acercó a mí
hablándome en argentino para que me pusiera un salvavidas.
-Por favor señor, póngase
este salvavidas o su vida correrá peligro- me dijo.
-Señora, no estamos
encima de ningún mar, y esto es para no ahogarse- le puse una mano en el hombro
y de una patada abrí la puerta de emergencias y salté.
El aire estaba muy frío,
mientras iba bajando me ajusté el paracaídas a la espalda y me di la vuelta
para ver el avión. Estaba girando en circulo con el morro completamente
inclinado hacia abajo y dejando un rastro de humo negro, provocado por el motor
<< ¿Alguien habrá puesto una bomba en el motor?, porque no creo que en
pleno mes de Noviembre con el frío que hace el motor llegaría a una temperatura
tan alta para incendiarse. Me volví hacia abajo, vi las nubes desaparecer en mi
cara y dejaron al descubierto un montón de fábricas con sus chimeneas y sus
luces.
Encendí mi rastreador GPS
y envié mis coordenadas al de mi madre para que supiera donde me encontraba.
Entonces descubrí que estaba encima del Vallés Occidental al lado de Barcelona.
Con mis manos hice de alas, y con los pies de motor para poder acercarme más a
Barcelona.
Hasta ahora todo había
sido muy confuso: La Torre Sombría estaba vacía porque ya no necesitaban una
fábrica para mutar a las personas, mi misión de destruir la fábrica que
fabrican los chismes de la Cinta Correctora fracasó, me transportaron a
Argentina donde tenían su “cárcel privada” de donde escapé, me recogió un
hombre muy rico al cual le robé su nave, me denunció y debido a ello media
legión de policías me seguían el rastro, por lo que en el avión donde viajaba
para llegar a Catalunya se incendia, mientras tanto todos los Serfs se
agrupaban y se clonaban a miles y miles de personas diariamente.
Definitivamente mi vida es de una incesante batalla.
Llegué a ver el mar
Mediterráneo donde sus aguas besaban las playas de Barcelona. Creí estar cerca,
pero a medida que bajaba el mar desapareció y yo abrí el paracaídas. Durante
varios minutos fui planeando en el aire para acercarme otra vez a las playas,
pero no las volví a ver. Caí encima de una fábrica, lo más seguro que sería de
barritas energéticas porque transportaban mucho plástico para envolverlas.
Desenganché el paracaídas
de la mochila y salté a la fábrica. Empecé a correr por calles muy estrechas,
húmedas y llenas de oscuridad, serían las dos de la noche.
Por fin encontré a una
persona que vagabundeaba por las calles llevando un tigre persa de la correa,
lo más seguro para que hiciera sus necesidades.
-Disculpe… me sabría
decir ¿por dónde se va a Barcelona?- pregunté con la mayor cordialidad posible.
-¡No niñato apártate o le
diré a mi tigrecito que te guíe!, pero a su jaula- y de un golpe me apartó de
delante suyo.
-Gracias de todos modos-
le contesté al hombre arrogante y solitario.
-Que sí, que sí… de nada,
la próxima vez te dejo sin pierna- y me levantó la mano dejando al descubierto
sólo el dedo corazón. <<Ingenuo>> pensé.
Mi intuición me decía que
el mar estaba en la misma dirección que el arrogante había cogido, pero de
todas las maneras la tomé. Cuando fui acercándome a él me puso la zancadilla y
de un salto la esquivé.
-La próxima vez tienes
que ser más rápido, ¡lento!- y salí corriendo.
-Tigrecito arráncale una
pierna para que deje de correr- le susurró al tigre persa. Entonces el tigre
salió corriendo detrás de mí, yo hice una mortal hacia atrás dejando al tigre
que pasara de largo, me fui hacia el hombre y antes de que se diese cuenta, ya
tenía su cabeza delante de mis pies con un cuchillo apuntándole por encima.
-Un consejo, búscate a
alguien que te quiera- el tigre se dio media vuelta y se abalanzó sobre mí,
pero salté encima de un tejado de una fábrica que teníamos al lado y los
dejé a los dos que reflexionaran.
<<Gente que está perdida por el mundo necesitan un buen amor, esa es la
cura para todos los problemas: Amor>> y con este último pensamiento
divisé el mar.
Capítulo 8: …Amor
Iba saltando de fábrica
en fábrica, de tejado en tejado para aproximarme lo más posible a la costa. En
menos de media hora llegué a tocar las aguas de la playa que bañaban mis pies.
¡Estaba en casa!.
Fui hacia las rocas
amontonadas al final de la playa donde mi familia había escondido un
teletransportador por si acaso. La playa estaba desértica. No había nadie. Sólo
se escuchaba el ruido de las olas rompiendo con la costa y alguna gaviota a lo
lejos. Llegué al espigón y fui hasta el final donde las olas rompían en frente.
Allí sobresalía una parte del teletransportador y cuando lo fui a coger sin
querer, apreté un botón y me transporté en un santiamén a la guarida de mi
familia.
Estaban todos reunidos
entorno a la mesa redonda la cual proyectaba un mapa de España. Todos parecían
destrozados y cansados. Cuando aparecí en la habitación caí sobre mis rodillas
al suelo y mi madre giró la cabeza y su cara cambió radicalmente. Por poco se
cae al suelo por querer correr para abrazarme. Pero cuando me cogió no paró de
darme besos y abrazos hasta que su hermana la separó de mí con dificultades.
-¿Estás bien? Cariño ¿qué
te ha pasado? No sabíamos nada de ti. Tu abuela nos dijo que tenías que ir a
destruir la central que los Serfs utilizaban para crear Cintas Correctoras;
pero la central sigue igual y tú desapareciste ¿Dónde has estado?- mi madre
parecía que intentaba calmarse, pero yo sabía que por dentro estaba echa un
manojo de nervios.
Entonces fue en este
mismo instante cuando me di cuenta. No percibía la presencia de mi tío Jeremy
por ningún lado. ¡NO ESTABA¡
-¿Dónde está mi tío
Jeremy- pregunté. Mi tía se puso a llorar y mi madre la sujetó por detrás para
que no se cayera al suelo. Se tapó la cara con las manos para que no la
viéramos llorar.
-David, mientras tú estabas
en tu misión nosotros cumplíamos la nuestra-me aclaró mi madre- todo iba como
la seda. Cada uno de nosotros pusimos las bombas en los ejércitos más cercanos
y todos murieron. No quedó ni uno vivo, o eso creíamos- prosiguió mi abuela.
-Todos los ejércitos
estaban destruidos menos el que tenían que destruir mi hijo y su mujer- mi tía
se había levantado y se secó las lágrimas con la manga, se sentó encima de la
mesa y explicó:
-Me dijo que me quedara
detrás de unos arbustos a unos quinientos metros por si acaso, que él colocaría
la bomba en medio del ejército sin ser visto gracias a una capa invisible y
volvería; yo asentí y lo ví desplazándose ladera abajo. Lo ví andar entre las
tiendas que los Serfs habían montado y se cubrió con la capa y desapareció.
Minutos después una mina estalló. Me esperaba lo peor, así que yo también bajé
corriendo abajo para ver si estaba bien. Fue entonces cuando ví a un Serf
transportando en su hombro a Jeremy con una Cinta Correctora en la cabeza y…-
se puso la mano en la boca y se puso a llorar otra vez.
-Creemos que Jeremy ahora
mismo se ha transformado en un Serf- dijo mi abuela sin rodeos.
-¿Pero cómo supieron los
Serfs que mi tío iba a poner una bomba?- pregunté.
-Antes te habíamos dicho
que creíamos que ningún Serf se había salvado, pero nos equivocamos. Algún Serf
se salvó y fue avisar a otro ejército que colocarían una bomba y nos tendieron
una trampa.
-Pero entonces ¿Por qué
no habéis colocado otra bomba?- mi tía intentaba volver a hablar.
-Cuando vi a mi marido
encima de ese Serf salí corriendo ladera arriba, me giré y todo el ejército se
había transportado a otro lujar. No dejaron nada de nada.
-Estamos intentando
averiguar donde se han podido trasladar. Creemos y todo que se han ido de
Cataluña algún lujar de España- añadió mi madre.
-Tenéis razón- dije- se
han ido de Cataluña, pero no a España si no a Argentina.
Todos me miraron con ojos
como platos, no entendían lo que les acababa de decir así que se lo aclaré.
-Cuando fui a destruir la
central de los Serfs me capturaron y me metieron en una cárcel que tienen en
Argentina. Esta cárcel tiene millones y millones de celdas, las cuales
contienen una Cinta Correctora que te ponen en la cabeza y a la semana las
personas salen de las celdas convertidas en Serfs- todos me miraban como si
fuera un lingote de oro- Yo conseguí salir de mi celda, robé una nave a un tipo
rico que posteriormente me denunció y por eso me perseguía toda la policía de
Argentina, pero pude coger un avión el cual se le incendió un motor y tuve que
saltar del avión en paracaídas e ir corriendo a las playas de Barcelona en
busca del transportador que teníamos guardado y aquí estoy.
-¿Quieres decir que los
Serfs tienen más de una central en todo el mundo?- dijo mi sobrino.
-No, digo que tienen una
central en Argentina y allí es donde tendrán prisionero a mi tío.
Entonces escuché un
ruido, como si alguien hubiera saltado detrás mío, cuando me giré y vi a mi
padre con la mano rodeando a uno de mis dos teletransportadores que tenía en la
habitación, con una cara como las que tienen los niños cuando se bajan de una
atracción. Mi madre se giró y se puso blanca de golpe.
-¿Cariño, que haces aquí?
– pregunto mi madre temblando.
-Eso mismo me pregunto yo
¿Dónde estamos? –pregunto mirando a su alrededor.
-Nada cariño, esto es
una…- nos había pillado- una habitación- dijo al fin.
-Una habitación, perfecto
y… ¿Qué hacéis en la habitación esta?- y se puso de puntillas para mirar por
encima de mi hombro para ver el mapa que teníamos encima de la mesa.
-Hija, cuéntaselo- dijo
mi abuela.
-¿Contarme qué?- pregunto
mi padre.
Durante media hora mi
madre le explicó que su familia era un grupo secreto, que luchaba contra
criaturas extraterrestres de otra galaxia, jugándose la vida por salvar al
mundo y que yo también estaba en ese grupo. Mi padre se fue poniendo de todos
los colores mientras que mi madre que intentaba decirlo de forma que no sonara
tan espantoso << Que por cierto se le daba fatal, no tenía mucho
tacto>> le cogía de las manos. Mi padre se pensaba que le estaba tomando
el pelo, ella se levantó cabreada por llamarla mentirosa y se fue por una de
las puertas del pasillo principal. Salió pocos segundos después. Pero esta vez
traía a un Serf. Lo llevaba agarrado por el pelo con un puño y lo fue
arrastrando todo el pasillo hasta depositarlo a los pies de mi padre. Era un
Serf de tipo planta. Estaba abierto por la mitad y asomaba la mayor parte de
sus intestinos con clorofila en vez de sangre roja. Al instante mi padre se
desmayó…
-¿Creéis que me he
pasado?- preguntó mi madre.
-Hombre, ¿No podías haber
traído alguno que estuviera más enterito? –pregunté yo.
-Da igual, ya se
despertará. Mientras vosotros intentábais convencer a ese camaleón, yo he
investigado y he descubierto que mañana zarpará un transatlántico de más de kilómetro
y medio de longitud de los muelles de Argentina con dirección a Cataluña.
Llegarán en menos de dos días.
-Entonces no quieren
conquistar América del Sud sino ¿Cataluña?- preguntó mi madre.
-Exacto. En ese buque
irán a bordo más de dos millones de Serfs. No podemos dejarles desembarcar en
tierra.
-Y ¿cómo quieres qué les
prohibamos el paso abuelita?- era imposible luchar contra tantos Serfs.
Cualquiera que se pusiera por medio moriría- además, los Serfs son muy buenos
cuerpo contra cuerpo.
-¿Quién ha hablado de
cuerpo contra cuerpo?- preguntó mi abuela- Zarparemos nosotros mañana y
cruzaremos todo el mar Mediterráneo hasta encontrarnos cara a cara con ese
buque y lo derribaremos a cañonazos- mi abuela parecía que estaba viendo una de
sus luchas libres.
-Buenísima idea- añadió
mi madre- Ellos no lo esperarán y morirán en medio del océano.
Entonces Marina apareció
con un teletransportador de la mano <<El último que me quedaba>>.
-¿Me puedo unir a esta
aventura?- preguntó.
-¿Quieres morir
jovencita?- preguntó mi abuela.
-No le temo a la muerte-
y antes de que mis ojos pudieran darse cuenta, a una velocidad inigualable, se
puso detrás de mi abuela con un cuchillo que estaba encima de una estantería
rodeándole el cuello- pero todos los Serfs me temerán.
Entonces me di cuenta de
que me había enamorado.
Capítulo 9: La
guerra final
Era un día frío, las
nubes cubrían la mayor parte del cielo, sólo unos cuantos rayos de luz podían
evitar ser tapados por las nubes. El mar chocaba con fuerza contra los muros del
puerto de Barcelona. Yo al final no sabía dónde iba a ir, si en un
transatlántico o en una nave de guerra. Claro está que yo quería ir en la nave
de guerra pero mi madre estaba ahí para romper mis ilusiones.
-Hijo, tú irás en el
buque conmigo para que no te pase nada- dijo mi madre- deja a tu abuela que
pilote el ultimo caza que queda libre, le hace mucha ilusión.
-Pero mamá, yo quiero ir
en el avión- protesté pero sabía que no me serviría de nada y proseguí- además
tu madre está a punto de palmarla, que más da que la palme ¿en un barco que en
un avión?
-No hables así de tu
abuela, ella quiere disparar algún Serf.
-¡Y yo también!
-Ya hablaremos.
El capitán de la Armada
de Marina Española estaba asegurando los proyectiles que estaban en buen estado
para zarpar en una hora. El ejército Italiano, nos había prestado dos cazas de
guerra, los más potentes del planeta; Estados Unidos nos había dejado el buque
y Francia nos había ofrecido doscientos soldados para que puedan ponerse en las
metralletas del transatlántico.
Me escabullí de mi madre
para ir a ver los cazas. Era una pista enorme, con una sola nave en el centro
que servía para transportar los cazas y dejarlos volar cuando estuviéramos
encima de los Serfs. No había nadie importante que vigilara así que entré
dentro de una de las naves. Habían por lo menos doscientos cazas de guerra.
Estaban los italianos, los españoles y los franceses. Me metí dentro de un
italiano, se llamaba caza 3000, el caza más nuevo de todos después del caza
2999. Los mandos eran muy sencillos, así que pude encender el motor.
Fuera se escuchó el
sonido de la alarma que avisaba que el buque iba a zarpar rumbo Argentina,
junto con el sonido del motor de la nave que se suponía que iba a despegar
también. Entonces vi a mi abuela correr como una niña detrás de un caza
italiano, pero ya había un piloto dentro y se tuvo que conformar con un caza
2650. Claro está, que no me había visto, de lo contrario se lo diría a mi madre
y me obligaría a ir con ella. Cuando la nave casi cierra las compuertas vi
entrar a Marina. Iba con un traje especial para volar, un cinturón donde
colgaba una mochila como la mía, una cinta para recogerse el pelo que le cubría
la frente y el aire hacía que se le moviera. Se subió a un caza 2998, arrancó y
la nave despegó.
-Cling, cling, cling- mi
rastreador estaba vibrando.
-¿Si?-pregunte.
-¡David García Martorell,
te ordeno que aparezcas en el buque volando ahora!- estaba chillando mi madre
desde el otro lado de la telecomunicación.
-Mamá, no puedo, ¿No ves
que voy en la nave, y esta ya ha despegado?- le dije con tono relajado.
-Pues cuando bajes te
juro que te castigaré de por vida.
-Mamá no podrás, no ves
que según tú si me subía a un caza moriré, ¿Cómo me castigarás entonces?-
pregunté.
-Aaaaaarrrggg!!- chilló
mi madre y colgó.
Baje la cúpula del
piloto, me até el cinturón, me puse el casco y los auriculares y empecé a tocar
todos los botones de la nave a ver qué hacían.
-Queridos pilotos,
estamos sobrevolando Portugal pronto nos encontraremos con el transatlántico de
los Serfs, ir calentando motores- el piloto de la nave nos acababa de informar
que estábamos a punto de morir.
Yo la verdad no tenía
muchas esperanzas de que fuéramos a ganar, pero por lo menos no iba a morir
antes de conducir un caza. Pasaron dos largas horas esperando a que nuestro
buque les alcanzara y una vez debajo de éste las escotillas se abrieron y las
contrapuertas mostraron las nubes grises que estaban a bajo de nosotros. El
buque de los Serfs estaba a menos de un Kilómetro de distancia.
-Por favor, salir en
orden- avisó el capitán.
Cada caza tenía un número
asignado y fuimos saliendo según el orden. Yo era el numero 30 y una vez fuera
de la nave me puse a 100.000 kilómetros hora apuntando hacia el cielo. Cuando
hube traspasado la Estratosfera apagué los motores y caí en caída libre. Por los auriculares iba escuchando las
órdenes del capitán que teníamos que obedecer. Cosa que yo no hacía.
-Ir a velocidad de un
kilómetro por minuto por encima de las nubes y una vez que haya pasado un
minuto os paráis en la posición que os hayáis quedado.
Iba cayendo y mi cabeza
parecía que me iba a explotar. Cuando me quedaban 300 metros para chocar contra
la superficie del agua subí los mandos hacia a mí y me puse rumbo “Buque de los
Serfs”. Acaté las órdenes y esperaba las nuevas.
Escuchaba algo debajo de
nosotros, era como un ruido de muchas voces juntas, algo que no se podía
definir como ruido. De repente escuché un silbido, algo muy rápido entonces mis
instintos me alertaron que tenía que irme de allí y así hice. Detrás mío escuche una explosión, mire por la
cámara de atrás y vi una nave cayendo en picado cubierta de llamas. Detrás de
ella iban cayendo más y más naves al agua.
-¿¡Que ha pasado!?, ¡Informen de la situación!- gritó el piloto.
-Un proyectil de los
Serfs ha derrumbado por lo menos a cincuenta cazas sino más, los demás están
dispersos. Si me permites una sugerencia sería mejor reunirnos de nuevo en la
nave y planear nueva estrategia de ataque- advertí.
-No, sería demasiado
tarde. Nuevas órdenes- el piloto parecía nervioso- lo mejor será que…-paro un
momento- ¡ACABAD CON ELLOS¡
Bajé a trescientos metros
para ver a que nos enfrentábamos y pude observar la muerte. Era un buque de más
de kilómetro y medio de largo, tenía más de diez chimeneas, más de dos mil
proyectiles nucleares y más de dos mil Serf que controlaban metralletas
antiaéreas. Creo que los Serfs no se esperaban que les atacáramos por mar. No
podíamos derrotarlos con un ataque aéreo. Así que aterricé en el buque.
Unos agentes me ayudaron
a bajar del caza. Me pusieron ropa de abrigo y me llevaron dentro de un
almacén. Habían reunidos una serie de personas, entre ellas mi madre, mi abuela
y Marina. Estaban hablando con el capitán del buque.
-…las naves acuáticas.
Son nuestra única salvación- iba diciendo- cada uno que se meta dentro de una,
y pondremos en marcha el plan B. No podemos permitir que el gobierno se dé
cuenta de esto y se entrometa en la lucha contra los Serfs. Una vez estéis
debajo del buque colocar un explosivo y huir. Entonces Marina se volvió contra
mí.
-¿Estás listo para luchar
David?- me preguntó.
-Claro que sí llevo
luchando contra esta raza más de ocho años y sigo vivo.
-Bueno, pero yo soy más
rápida- se burló.
-A ver si es verdad. El
primero que coloque su explosivo gana. ¿Aceptas el reto?- le pregunté con voz
confiada.
-Acepto- me empujó contra
el suelo y salió corriendo para meterse dentro de una nave. Me levanté
rápidamente y me metí dentro de otra.
-¡Tramposa!- chillé.
-No hemos puesto ninguna
norma- y me guiñó el ojo. Entonces su nave se hundió en el océano. Seguidamente
me hundí yo también.
Ella iba primero y mi
nave se comía todas sus burbujas y no veía nada. Tuve que desviarme y ponerme
en paralelo con ella. Recorrimos más de medio kilómetro antes de poder poner
nuestras bombas. Ella iba muy directa y yo me reí; sabía lo que le pasaría así
que esperé. Entonces pasó. Su nave iba muy deprisa y el buque la detectó con
sus sensores (que detectan materia móvil a más de dos kilómetros por hora) y un
proyectil paralizador chocó contra ella y cayó rodando al fondo del océano. Yo
subí y puse mi bomba me largué rápidamente hacia abajo a buscar a Marina.
Estaba saliendo de la nave cuando la divisé, parecía cabreada. Se metió a duras
penas dentro de mi nave y no dijo ni una sola palabra hasta que flotamos otra
vez en la superficie. Entonces escuche una explosión, era la explosión mas
grande que había escuchado en mi vida. El buque de los Serfs estallo en llamas,
el humo cubría todo el transatlántico.
Se veían Serfs saltando
para caer en el agua otros se aferraban a trozos de metal pero la mayoría
flotaban en la superficie muertos. El buque se dividió en dos. EL trozo final
se fue uniendo poco a poco, pero la parte principal seguía a flote cuando
doscientos misiles nucleares salieron disparados de sus lanzas misiles contra nosotros.
Vi la muerte muy de cerca; un misil estalló a un palmo de distancia de mi nariz
y otro a dos dedos de distancia de mi pie. Los Serfs pretendían disparar sus
misiles para que estallasen contra la capa protectora que cubría nuestro navío.
Así que supongo que se
enfadaron tanto que dispararon su arma estrella. EL LANZA MISILES CAÑÓN. Así lo
llamaban ellos. Era un lanzamisiles más grande que se había construido por el
hombre de este planeta. Medía más de doscientos metros de distancia y su radio
de disparo era de treinta metros.
Tardaron media hora en
colocar el misil dentro del Lanzamisiles cañón. Nosotros fuimos preparando un
escudo muy grande que rodeaba el navío, pero sabía que sería en vano así que
nos fuimos subiendo a los botes, cuando de pronto escuché un estallido. El
misil había salido.
Capítulo 10:
El final
El buque estalló. No
quedaba nada más a flote en el mar, que la mitad del buque de los Serfs.
-Y ¿Como acaba papi?-
preguntó Sergio.
-Pues ahora os lo cuento-
añadió David.
- Finalmente nos fuimos
en las naves acuáticas a Portugal y desde allí reparamos el mando que se había
roto, por eso la otra mitad del barco no se había hundido ya que las bombas no
estallaron. Desde allí hundimos la otra mitad del barco. Luego las autoridades
se pusieron a investigar que había sucedido y como no pudieron encontrar
ninguna prueba abandonaron el caso de los Serfs y se acabó. No obstante
nosotros fuimos más tarde a Argentina y liberamos a la poca gente que quedaba
pero mi tío no estaba entre ellos. Lo más probable es que muriera, o mejor
dicho, lo matamos. Me casé con Marina y
te tuvimos a ti. Desde entonces no ha habido ninguna misión más relacionada con
los Sefrs.
-¿Entonces, han
desaparecido?- preguntó Sergio.
-Eso dicen, pero ¿sabes
qué?- dijo.
-¿Qué?
-Yo no lo creo- afirmó.
-¿Por qué no papi?
-Creo que ese día fue un
gran golpe para su raza, están agrupando su ejército en algún lujar de África
para atacar por el Mediterráneo. Claro está que cuando eso pase yo ya estaré
muerto.
-¿Por eso me lo has contado
a mí? ¿Para que yo pueda detenerles como hiciste tú?
-¡Exacto! Y espero que si
llega ese día estés bien preparado y motivado para hacerlo. Pues la motivación
por algo es lo que te puede llegar a la victoria.
-¿Y qué paso con mamá?-
preguntó. Sabía que le costaba hablar de Marina.
-Pues… que murió-
respondió no muy convencido.
-¿Cómo?- Sergio no se iba
a dejar engañar por una simple respuesta.
-Cuando naciste tú, dos
años después, hará ya ocho años, nos llegó una carta diciendo que habían
encontrado un rastro de huellas de Serf por África. Le pedí a tu madre que se
quedara cuidando de ti. Ella me dijo que ya lo pensaríamos mañana y nos fuimos
a dormir. Al día siguiente encontré la cama vacía y una nota en la mesa de la
cocina.
Querido David.
Cuando leas esta carta será por la
mañana, y yo estaré en África.
Quiero que cuides de Sergio lo mejor que puedas, yo cuando aclare lo que
sucede me reuniré otra vez con vosotros. Sabes que yo soy la mejor para este trabajo,
por eso me he ido. Si te hubieras ido tú, tardarías el doble de tiempo que yo y
Sergio estaría menos tiempo contigo.
Te prometo que volveré.
Te quiero.
-Pocos días después me
llegó una carta que decía que Marina había muerto por causas naturales, no sé
si me dijeron de envenenamiento de una flor o algo así, así que me quedé
cuidando te a ti yo solo. Me retiré de la orden, y trabajé para mí, ya que
nuestra familia había muerto toda. Solo quedábamos después del ataque mi abuela
y yo. Mi madre murió porque se cayó de un precipicio pocos días después. Mi tía
murió cuando el buque explotó, junto con mis primos y mi padre tuvimos que
encerrarlo en un psiquiátrico porque se había vuelto loco cuando se despertó y
vio al Serf que mi madre le había traído y puesto delante de sus zapatos. Y
años después mi abuela se murió por vejez y Marina y yo pudimos conservar el
apellido García.
-Yo.
-Sí, tú. Sergio García
Fuentes.
-Y desde entonces ¿Estas
solo?- preguntó el niño.
-No, te tengo a ti.
Años después
David murió en una misión, cuando Sergio a un tenía 15 años. Pero no en vano
Sergio siguió los pasos de su padre y escribió su propio diario del cazador.